sábado, 16 de julio de 2011

cómo vivir sin gas durante tres meses


Hospital Borda:



Un recorrido por el centro de salud donde las carencias están a la orden día; la impotencia de los empleados y el miedo de los pacientes frente a los rumores de cierre; desde el gobierno porteño desmintieron la situación y aseguran que hay suministro de gas en tres de los cuatro pabellones; acceda a la fotogalería y al video.




Por Valeria Vera
De la redacción de lanacion.com
vvera@lanacion.com.ar | @verava
Ingresar en el hall del pabellón central del Hospital de Salud Mental "J. T. Borda" implica, casi por obligación, alterar una rutina habitual: alejarse del frío helado de la calle para resguardarse en un lugar más acogedor. El abrigo y las manos permanecen necesariamente en su lugar. Parece ser la única manera de mantener la temperatura del cuerpo, aunque a los pocos minutos los pies y la cara empiezan a dar claras señales de lo difícil que se vuelve convivir así, en un hospital que permanece sin gas hace más de tres meses .
Es "su gente" la que logra apañar, por momentos, la frialdad que emanan los pasillos y las distintas dependencias que integran el inmenso predio que ocupa este centro de salud mental.
"Nunca se hizo una reparación, recién cuando nosotros asumimos empezamos a realizar obras grandes en relación a la instalación de gas", dijo el subsecretario de Salud Néstor Pérez Baliño
"¿Tenés una moneda? Quiero hablar con mi familia", me dice uno de los pacientes con la mirada algo perdida, mientras avanzamos con Rolando, empleado del Departamento de Relaciones Institucionales del Borda y nuestro guía, en la recorrida por las instalaciones. Niego con la cabeza y le pido disculpas por no traer la billetera conmigo.
Enseguida, otro interno, más joven, de unos 30 años y profundos ojos azules, se acerca acompañado. Dice ser cineasta y demuestra tener una gran pasión por la cámara que registrará minutos más tarde el olvido al que fue desplazado este lugar.
Más allá de lo evidente, que suele incluir el pedido de dinero -para hablar por teléfono o para comprar cigarrillos- o de la hora, se advierte en varios de ellos el deseo de acercarse por el mero contacto. Buscan salir a su modo de ese ritual que se traduce en hacer siempre lo mismo, ver las mismas caras y recibir la misma medicación.
La amplitud del lugar confunde y lleva, por momentos, a no poder dimensionar del todo la desidia que se vive ahí dentro. El Borda es gigante y sus pabellones se encuentran diseminados a lo largo de, por lo menos, una manzana. Son 700 pacientes los que lo transformaron involuntariamente en su hogar. A medida que caminamos, el abandono también parece esparcirse. Al menos, esa es la sensación.
Rolando logra percibirlo y atina a decir, con tristeza: "Me parece increíble que lleguemos a este punto. Alguien se tiene que hacer cargo. La gente no puede estar así". Y sigue su rumbo hacia una de las zonas más castigadas del hospital. El problema del gas sólo se encargó de acentuar su condición, según aseguran varios empleados.

http://www.youtube.com/watch?v=nptv27CQkz4&feature=player_embedded

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